EL JUEGO DEL ARPA

(#RetoLesTodes#RetoBurdick)

Soy Alex. He dedicado parte de  mi vida a estudiar para ser estadístico. Ahora soy jugador, amante de la música y cazador de retos. Juego  a ganar consiguiéndolo siempre.

             Cuando hube acabado la carrera con mención honorífica me lancé a la búsqueda de lo que más me gustaba, el mundo de la probabilidad, encontrando mi hueco en los juegos de naipes. Indagar y participar en retos más complejos era el objetivo diario, hasta que me  hice con un nombre en este mundo y participé en desafíos cada vez más complejos y lucrativos.

            Llegó un momento en el que empezaba a alternar con individuos  de un estatus social muy alto y me buscaban para participar en timbas reservadas para un elenco de personas muy cultivadas y refinadas.

            Como he dicho antes, mi otra pasión es la música, he conseguido una colección de arpas de las más  bellas y valiosas que se puedan tener. Cuando ejecuto piezas musicales en algunos de ellos es tal la sensibilidad que aflora de mis manos que me transportan a mundos excepcionales y esto me apasiona.

            En una partida conocí a Pierre, un francés afincado en España que conociendo mi afición por el arpa me invitó a su palacete  al mayor desafío que jamás había jugado. Recibí la convocatoria en mano a través de un mensajero diferente a lo visto con anterioridad, después pude comprobar que se trataba de uno de sus numerosos guardaespaldas. El mensaje, misterioso desde principio a fin, señalaba una hora, las nueve de la noche; un lugar, Parque Europa de Torrejon de Ardoz y una foto, la Fontana de Trevi.

            Cuando llegué al lugar establecido un chico que venía en bicicleta me tendió otra nota: Gastrobar Andal. Di vueltas por los alrededores del parque hasta que lo encontré  y en la puerta un coche negro con las lunas tintadas abrió sus puertas y me invitaron a entrar. Desde dentro no se veía el exterior. A las diez de la noche llegamos cinco coches idénticos. De ellos fueron bajando los cinco mejores jugadores del mundo de poker, con dos de ellos tuve el placer de jugar y vencerles. El lugar, escalofriante al mismo tiempo que magnífico.

            Nos condujeron por un pasadizo iluminado por antorchas como si  nos adentráramos en la época medieval hasta llegar a un sótano. Las paredes rezumaban frialdad, todo permanecía oscuro salvo una gran mesa de juego en el centro de la sala y un caballete con un gran cuadro sobre él  cubierto por un lienzo rojo de terciopelo. Nos fueron acomodando alrededor. Nadie hablaba. Cuando estuvimos sentados llegó Pierre seguido de dos guardaespaldas y nos explicó las normas del Juego del Arpa.

            Comenzaba con una apuesta de 1.500.ooo de euros y no iba en ascenso, sino disminuyendo en cada jugada. Era una partida única, un juego parecido al póker pero al mismo tiempo contrario. Se jugaba con tres barajas, lo que imposibilitaría el conteo de cartas, también el cálculo de probabilidades. Había dos premios: uno para el perdedor y otro para el ganador.

            El triunfador se quedaría con el premio en metálico que quedara sobre la mesa, se estimaba que alrededor del millón de euros siendo la apuesta más alta en la que había participado. Pero venía con un  inconveniente, si ganabas tenías un plazo de treinta y seis horas para quitarte la vida. Tenías que suicidarte. Las facciones de todos se ensombrecieron por el miedo, los cuerpos se tensaron y mis nervios se crisparon.

            La persona que perdiera se quedaba con el cuadro que descubrieron. Se veía un bosque mediado por un río de aguas tranquilas y en una orilla, encima de una sombría  roca un arpa, tallado en una madera noble y sencilla, como a mí me gustaban.

             Pierre nos habló de la leyenda que enmascaraba el cuadro —Este arpa es único en el mundo, capaz de hacer sonar melodías inimaginables, os preguntareis cómo es posible — enseñó una pequeña llave de color bronce — el cuadro tiene una pequeña abertura en la que entra a la perfección esta llave, es la entrada a un portal que te conecta a otra realidad, permite acceder a esa dimensión y en consecuencia al Arpa.

            Así que es verdad, es realmente cierto. Conocía de su existencia pero nunca lo encontré, pensé.

            —Pero tiene un precio ese acceso, una vida, aquella del jugador que gane esta partida. Todos, sin excepción, además de ser extraordinarios jugadores sois apasionados de la música y por ello valorareis el precio de este cuadro. Además se requiere un gran esfuerzo por vuestra parte porque estáis acostumbrados a triunfar y  aquí os estoy retando a perder. Ahora os pasarán unos documentos que tendréis que firmar, es un contrato de sangre. La persona que no quiera participar será acompañada a la salida y llevada a su origen. El que continúe tendrá  que llegar hasta el final. Es el momento de tomar la gran decisión de vuestra vida, vivir y perder o ganar y morir.

            Uno de los escoltas nos repartió los contratos. Todos nos mirábamos, el orgullo podía más que nuestras conciencias. Firmamos.

            — ¡Qué comience el Juego del Arpa!— clamó Pierre animándonos con las manos y con una sonrisa socarrona.

            De madrugada  llegué a casa con 1.200.000 euros, otra partida ganada.

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